LA MANO
LA MANO
La misma mano que apretó el seno de mi madre, cavó en la tierra, construyó castillos de arena que la ola insensible derribó; la misma mano que quería atrapar la luna juntando el pulgar a los otros dedos, la misma mano que robó un día cualquiera unos pesos podridos para comprar caramelos, globos, sueños; la misma mano que descubrió el viaje del sexo en la masturbación y se hizo lanza en el indicador y penetró la vulva receptiva de una muchacha olvidada; la misma mano que se esforzó en el trabajo, recibió la magra paga, se aferró a utopías y manoteó desesperada un día en el mar; esa misma mano, curtida de esperanzas y desilusiones, conocedora de mil caminos en tantos cuerpos, sabia en amores y dura para el castigo; esa mano, hermana de la otra, pero más activa, hoy acarició tu rostro dormido y frío, tu rostro muerto.
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